A fugitivas sombras doy abrazos;
en los sueños se cansa el alma mía;
paso luchando a solas noche y día
con un trasgo que traigo entre mis brazos.
Cuando le quiero más ceñir con lazos,
y viendo mi sudor, se me desvía,
vuelvo con nueva fuerza a mi porfía,
y temas con amor me hacen pedazos.
Voyme a vengar en una imagen vana
búrlame, y de burlarme corre ufana.
Empiézola a seguir, fáltanme bríos;
hago correr tras ella el llanto en ríos.
Soneto amoroso -de Francisco de Quevedo
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NUESTRA SEÑORA DEL CASTILLO (PEREÑA DE LA RIBERA)
COLEGIO DE FONSECA (SALAMANCA)
SE MORIR
Andres Cepeda
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